sábado, 5 de diciembre de 2015

Crítica: Negociador

Todo país tiene sus momentos oscuros, sus momentos de vergüenza ajena. Aquellos momentos de la historia que es mejor olvidar y rezar para que el devenir de los tiempos los sepulte hasta no dejar constancia de ellos salvo en unos pocos recortes de periódicos. España tiene el dudoso honor de poder presumir de muchos períodos históricos llenos de engaños, corrupciones, ambiciones desmedidas e ilusiones vacuas intentando hallar soluciones rápidas a problemas mucho mayores y profundos. No se puede negar que los nacionalismos en ciertas regiones del país suponen un gran quebradero de cabeza para cualquier gobierno que se asiente en la Moncloa. Y si a este problema le añadimos el elemento de una banda terrorista con décadas de trayectoria, nos dejará un cóctel que muy pocos en este planeta han sabido manejar de una manera digna.

Hace ya seis años que Borja Cobeaga nos mostró su dominio de la comedia con su primera puesta de largo en Pagafantas. Aquella era una inmejorable muestra de comedia efectiva por su amargura. Por hacer que muchos nos viésemos reflejados en algún momento con uno de sus personajes. Luego vino No controles, una comedia mucho más desmadrada, típica y directa que su ópera prima. Aquí el número de personajes aumentaba y la efectividad de la trama (un joven que tiene que pasar la nochevieja en el hotel de un aeropuerto por una tormenta de nieve y en el que coincide con multitud de variopintos personajes) se diluía un poco más. Aun así, nos dejaba bastantes gags memorables y el inolvidable secundario de Juancarlitros. Ahora, el director vasco intenta un más difícil todavía haciendo comedia con uno de los temas más espinosos de la historia reciente española, el conflicto vasco.

Cobeaga no es nuevo en esto. Ya ha demostrado sobradamente que se puede hacer comedia a raíz de ETA y varias peculiaridades de Euskalherria gracias a su excelente programa de humor “Vaya Semanita”. Pero lo que funcionaba en pequeños gags tenía enormes probabilidades de transformarse en una película fallidamente tendenciosa y reivindicativa. Por suerte, la neutralidad domina Negociador, que se convierte en un ejercicio de precisión cómica en un asunto tan espinoso como el tratado. Aquí los antecedentes sobre lo que sucede ya nos los tenemos que conocer si queremos entrar de verdad en la historia del político vasco que decide entablar diálogo o negociación con la banda terrorista.

Prácticamente todo el peso de la función recae sobre los hombros de un espléndido Ramón Barea que compone un protagonista simpático, humilde y de buenas intenciones con el que es fácil identificarse en no pocos momentos. Él es sencillamente un hombre que quiere solucionar el problema con ETA como buenamente puede, siendo cortés y amable. Es en la actitud del protagonista dónde residen la mayor parte de elementos cómicos de la película. Su personalidad tan humana contrasta enormemente con lo que cualquiera de nosotros tiene en mente sobre un negociador que trata con terroristas. Barea está perfectamente secundado por Carlos Areces como el terrorífico líder de la banda y por Josean Bengoetxea, el primer etarra con el que se entrevista.

Es cierto que cualquiera que vea Negociador eche en falta algo más de chicha, algo más de historia sobre lo que pasa en el plano sociopolítico en lugar de un puñado de escenas en las que nuestro negociador trata de entenderse con ETA. Sí, haber contado todo eso hubiese ayudado enormemente a darle al film una dimensión dramática mayor. Pero Cobeaga ha tomado la decisión de delegar todo eso a los informativos que cualquier español ha visto a lo largo de las últimas décadas. 

viernes, 4 de diciembre de 2015

La voz dormida: revisitando lugares comunes


Hay un estereotipo que muchos españoles repiten sin cesar cada vez que se les pregunta sobre el cine producido en nuestro país: las películas españolas sólo tratan sobre la guerra civil, o son comedias con abundancia de desnudos femeninos, o son dramas sobre yonkis, prostitutas y homosexuales. Un repaso a la producción nacional, sobre todo a lo largo de los últimos años, desmonta rápidamente este estereotipo y demuestra que nuestro cine es rico en variedad de géneros e historias. Pero la historia de España está intrínsecamente ligada a ese duro período histórico que fue la Guerra Civil y la postguerra y no podemos ni debemos evitar asomarnos a esa época que nos sigue marcando un poco cómo somos hoy en día.

La voz dormida es el último film del poco prolífico director de Lebrija, Benito Zambrano. Un acercamiento a una de las obras cumbres de la tristemente fallecida escritora Dulce Chacón, un alegato en pos de la lucha y los derechos de las mujeres que sufrieron en las cárceles españolas durante los primeros años del franquismo. La historia es dura a la par que sencilla, Hortensia es la esposa de un miliciano huido que está cumpliendo pena en una cárcel de mujeres por sus ideales republicanos. Hortensia está embarazada y su hermana Pepita hará todo lo posible porque ella y su futuro sobrino consigan salir libres.

He de reconocer que desconozco la obra original de Chacón, aunque admito que he oído muy buenos comentarios acerca de ella y de cómo implica emocionalmente al lector. Benito Zambrano nos presenta una película llena de lugares y situaciones comunes que decide no arriesgar a contar nada nuevo. La historia que nos cuenta es algo muy dramático y seguramente que no habrán sido poco los casos en los que mujeres encarceladas y familiares se hayan enfrentado a algo así. El problema de esta película es que se queda en la superficie, no muestra ni de una manera dura todo el sufrimiento de Hortensia o de Pepita, ni ahonda con mayor profundidad en la psicología de ellas, ni trata de dar un nuevo enfoque o giro a la historia que aporte algo nuevo.

La producción de la película raya a gran altura, con unos escenarios convincentes y unas interpretaciones excelentes en su dúo protagonista, pero que decaen notablemente si nos fijamos en los secundarios masculinos que pueblan el relato. Es una lástima puesto que tanto la factura interpretativa como el nivel de producción permitirían haber entregado un producto con una entidad mucho mayor en lugar de la historia de peregrinaje de Pepita clamando ayuda por su hermana Hortensia.



La voz dormida es una película efectiva y efectista, un drama que a buen seguro arrancará la lágrima a más de uno pero que se desvanecerá rápidamente en el recuerdo junto a otros tantos dramas sobre la Guerra Civil que también prefirieron quedarse en los lugares y personajes comunes (el miliciano escondido, el contrabando a pequeña escala, la Iglesia como órgano represor, los militares franquistas, los republicanos como adalides de la libertad…= en lugar de tratar de dar una visión más profunda, tridimensional, incómoda y completa sobre un hecho histórico que sigue marcando a fuego nuestra historia contemporánea.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El Niño: el portal de la droga en Europa



El cine de mafias siempre me ha parecido muy atractivo. Desde los grandes clásicos como El Padrino y Scarface a las películas sobre mafias menos elegantes como las de Ciudad de Dios o Snatch. Es un hecho que el crimen organizado tiene un atractivo indescriptible para el espectador y es un filón que el cine español no ha explotado como se debe a lo largo de su historia. La historia mafiosa de España está íntimamente ligada al narcotráfico. La situación del país así lo obliga y convierte a nuestro querido país en el principal portal para el acceso de la droga desde África. Y es alrededor de esos 14,4 kilómetros que separan África de Europa, en ese estrecho de Gibraltar dónde se concentran las mayores hazañas y triquiñuelas por burlar al constante control policial.  El pasado 3 de agosto de 2014 un grupo de jóvenes se hallaban en una embarcación en la costa marroquí hasta que una lancha de una supuesta banda de narcotraficantes les atacó y muchos tuvieron que saltar al agua. Uno de ellos era Mohamed Taieb Ahmed, más conocido por su apodo “El Nene”, y del que nunca más se ha vuelto a saber. En el momento de su desaparición, “El Nene” acumulaba varios ingresos y un par de fugas de la cárcel además de una fortuna que llegó a estimar en más de 30 millones de euros. Se dice que una de cada diez bellotas de hachís que había en España, provenía de él.  

Daniel Monzón es un director inteligente. Ya lo demostró en su ópera prima “El robo más grande jamás contado”, combinando una selección de los mejores comediantes españoles con una trama de robos imposibles. Pero fue sin duda con Celda 211 dónde alcanzó su punto álgido con un thriller carcelario que unió a crítica y público en un entusiasmo unánime. Ahora, con “El Niño” ha cogido la apasionante historia de “El Nene” para adentrarse en mundo del narcotráfico en el estrecho. 

La trama de “El Niño” se divide en dos partes bien diferenciadas. La historia de “El Niño” cuya afición y destreza con las motos de aguas y lanchas le irán haciendo ascender y ocuparse cada vez de mayores encargos y la del policía que controla el paso del estrecho, tratando de evitar que la droga llegue a suelo patrio. Una historia que a grandes rasgos ya se ha visto en multitud de ocasiones en otras películas como American Gangster y que aquí opta por añadir algunos toques a la trama para complacer a la audiencia. Los protagonistas no dejan de soltar chascarrillos y de comportarse como meros adolescentes que nunca parecen tener un negocio tan grande entre manos. Por otra parte el romance entre el protagonista y la hermana de uno de sus dos compañeros no deja más que caer en el estereotipo puro, evitando que la trama avance de manera fluida. Es cuando el foco se centra en el policía interpretado por Luis Tosar cuando parece que Daniel Monzón recupera más el vigor y la fuerza con una visión pesimista, de un policía al que su trabajo le absorbe la vida y que ve cómo los recursos con los que dispone son a todas luces insuficientes para luchar contra la amenaza amorfa del narcotráfico. Por si fuera poco, el director también deja entrever aquí una pequeña subtrama romántica en esa compañera policía interpretada por Bárbara Lenie que expresa con sus gestos y miradas ese amor reprimido que tiene por su compañero. 


El elenco actoral cumple de manera sobrada al estar compuesto de figuras de intachable trayectoria como Eduard Fernández, Sergi López, un casi anecdótico Ian McShane y los ya mencionados Bárbara Lenie y Luís Tosar. Es, sin embargo, en el trío de jóvenes narcotraficantes dónde el área interpretativa se resiente más con un Jesús Castro demasiado ocupado en aparecer guapo ante la cámara que en convencernos de que es un tipo con la mente lo suficientemente fría como para el narcotráfico. Pero, a pesar de las pequeñas irregularidades del guion y la mala decisión de casting que fue Jesús Castro, la película goza de una energía envidiable en la mayor parte de metraje, llegando a su punto álgido en unas persecuciones acuáticas que se encuentran entre las mejores escenas de acción jamás filmadas en territorio Español. 

Es posible que “El Niño” no sea una película que aborde a un Scarface español y se quede en algo mucho más pequeño. Pero también es cierto que pone de relieve y con gran energía una realidad que se vive día a día en las costas gaditanas. Un film totalmente recomendable y una paso más en la carrera de un director que no deja de sorprender e innovar con cada trabajo que realiza. 

domingo, 29 de junio de 2014

La resurrección del antiguo son cubano


Es curioso como la música, al igual que la vida, no deja de abrirse camino a pesar de las dificultades y continuar floreciendo mostrando una viveza y un color como en el de sus mejores tiempos. Hace pocos días tuve la gran oportunidad, única en mi vida, de compartir junto a mí pareja uno de esos momentos en los que vemos como el tiempo y el espacio carecen de su razón de ser en cuanto hablamos de arte. La actuación que el Buena Vista Social Club dio en el Palacio de Congresos de Praga transportó a todo el auditorio a un lugar y una época diferentes gracias a sus sonidos.

Pero… ¿quiénes forman el Buena Vista Social Club? Para poder hablar de ellos hay que remontarse a Cuba en los años 40, un país que respiraba alegría musical con muchos artistas a lo largo y ancho de la isla. Uno de los lugares más animados de La Habana fue un club social del barrio de Buena Vista, en él noche tras noche los artistas se daban cita para tocar. Era una época alegre pero no boyante en lo económico, aquí los cantantes lo hacían porque les gustaba no sólo para vivir de ello.


Pero el cambio político llegó y el giro hacia el comunismo propició que esos locales de iniciativa privada empezasen a cerrarse o a estar regidos por el gobierno. Muchos artistas tuvieron que dedicarse a otra cosa o, sencillamente, jubilarse. Los años pasaron y el olvido fue tragándose grandes nombres del son cubano al que la aparición de la salsa (estilo derivado del son cubano, pero fraguado en los Estados Unidos precisamente por aquellos emigrantes cubanos)  terminó de enterrar.

Tuvo que llegar el final del siglo XX para que un famoso guitarrista, productor,  y musicólogo, Ry Cooder el que iniciase la hermosa tarea de volver a recuperar aquella música. Podría haber cogido a algún grupo de jóvenes promesas y haberlas aleccionado para que cantasen antiguos clásicos cubanos. Pero no, la experiencia es un grado y las historias contadas por sus propios protagonistas siempre ganarán en interés. Cooder, junto con el director de cine alemán Wim Wenders, reunió a la formación original del Buena Vista Social Club. Artistas con vidas largas y amargas pero optimistas a las que el hecho de volver a revitalizar esa música que tanto les dio en el pasado ayudó también a revitalizarles a ellos mismos. Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Rubén González, Manuel “Puntillita” Ochoa o el guitarrista Manuel Galbán. El álbum, con el sencillo título de Buena Vista Social Club, fue un éxito en ventas alzándose con multitud de premios y su primer concierto con toda la formación completa allá por el año 98 en Amsterdam fue un lleno absoluto. Es más, todo este proceso de reunión del grupo, entrevistas y recuerdos fue usado por el alemán Wim Wenders para su documental del mismo título nominado al Oscar en 1999.

Por todo ello, Buena Vista Social Club es más que un grupo cubano, es la prueba palpable de cómo el ser humano y la música pueden ser eternas y de cómo hablar de antiguo o nuevo no tiene sentido a veces. Viendo a una anciana Omara Portuondo cantar y animar al público como si de una joven estrella del rock se tratase es buena prueba de ello. Un concierto en el que uno aprende que la edad y los prejuicios no son nada cuando se trata de celebrar el arte de la música, de festejar esa resurrección que tuvo hace más de 15 años y que aún se encuentra más viva que nunca. Escuchando a los integrantes del grupo en directo y viendo las proyecciones con aquellos miembros que desgraciadamente comenzaron a desaparecer hace ya tiempo uno no puede más que pensar en cómo Compay Segundo, o Ibrahim Ferrer regresan a la vida en esos momentos en los que se les rememora, en cada canción suya que escuchamos y en cada entrevista en las que les vemos. Ellos, junto a su música y su banda se han convertido en eternos.

sábado, 11 de enero de 2014

'Viaje a la prehistoria': La aventura que todo niño querría vivir


Recuerdo cuando tenía apenas 6 o 7 años y mi padre me llevó al cine a ver una película que cambió por completo mi infancia. Todo comenzaba con los protagonistas siendo invitados a una remota isla para dar el visto bueno al proyecto que en ella se estaba realizando y que las aseguradoras se hiciesen cargo de él para así poder abrirlo al público en un futuro. Nunca olvidaré aquella primera vez en la que contemplé por primera vez a aquel braquiosaurio alimentándose de la copa de un árbol mientras John Hammond entonaba aquel mítico “Bienvenidos a Jurassic Park”.

Jurassic Park fue sin duda una revelación para mí que con aquella tierna edad me di cuenta de que la magia del cine podía hacer cualquier cosa, incluso resucitar a aquellos magníficos seres desaparecidos hace millones de años. Pero el film de Spielberg no dejaba de ser una excelente aventura que tomaba a los dinosaurios como excusa para contarnos una frenética historia de supervivencia del hombre frente a una naturaleza desbocada que él ha intentado controlar.

Los dinosaurios en el cine no ha sido algo que haya inventado el director de Indiana Jones o ET, desde el primer King Kong hasta a las películas de serie B como Hace un millón de años, los reptiles gigantes han formado parte del imaginario cinematográfico con dudosa rigurosidad científica. Sin embargo, fue en el año 1955 cuando en la entonces Checoslovaquia el maestro Karel Zeman se propuso crear una película didáctica sobre el pasado de nuestro hogar, la Tierra.

Cesta do pravěku (Viaje a la prehistoria) es el título de la película que maravilló a varias generaciones en Centroeuropa. En ella un grupo de 4 jóvenes realizan un viaje en barco por un río que les lleva hacia atrás en el tiempo descubriendo lugares y especies maravillosas. La historia no puede ser más sencilla y sirve en bandeja una rápida lección sobre geología terrestre puesto que va aportando entretenidos y científicamente exactos datos acerca de las edades de la tierra puesto que no se cae en la tentación de mezclar especies y épocas geológicas.

El hecho de ver este desfile de paisajes, plantas y especies a través de los ojos de unos niños no hace más que aumentar el sentido de la maravilla, un hecho al que ayuda enormemente los encantadores trucajes del maestro Zeman (uno de los grandes artesanos de la fantasía en el cine, a la altura de Harryhausen o Meliés) gracias a los que cobran vida las espectaculares criaturas prehistóricas.

Es posible que el espectador de hoy en día, acostumbrado a historias mucho más elaboradas eche en falta muchas cosas. La trama apenas contiene conflictos (la destrucción de la barca, la búsqueda de uno de los niños del grupo, la pelea entre el stegosaurus y el tiranosaurio y poco más) pero es esa determinación presente en el propio grupo de tomarse ese viaje como una expedición científica en la que no deben interferir en el curso de los acontencimientos de la historia de la Tierra dónde la película encuentra su mayor virtud.

Viaje a la prehistoria es un clásico a descubrir. Una película cuya vigencia se sigue manteniendo hoy en día y un precioso vehículo para enseñar a los pequeños y no tan pequeños cómo ha sido la evolución de nuestro planeta desde el origen de los tiempos hasta el día de hoy.


PD: Un pequeño fragmento de la película subtitulado en español: El encuentro de los cuatro pequeño aventureros con un mamuth. 

martes, 31 de diciembre de 2013

El mejor cine de 2013

Al año 2013 le quedan pocas horas para decir adiós y qué mejor manera de pasar este último día que con una de esas listas que tanto nos gustan. Una lista con las diez películas que más me han gustado de todas las que he podido ver este año.

Blue Jasmine

La reconciliación con Woody Allen 8 años después de Match Point (a mi no me llegó especialmente Midnight in Paris, aunque reconozco que me divertí con Scoop). Una película presentada como una comedia llena de luz pero que encierra una oscuridad y una mala leche dignas de admiración con la historia de una mujer acostumbrada a vivir en las apariencias a la que todo su mundo se le viene abajo cuando a su marido lo meten en la cárcel. Por si fuera poco, la monumental interpretación de Cate Blanchett consigue que nos apuntemos su nombre como una firme candidata a los Oscar.

3 bodas de más

La comedia española por antonomasia de este año. Una película que no destaca precisamente por su guión, pero en la que todo está tan bien medido (personajes, gags, selección musical,...) que la carcajada y disfrute del espectador están asegurados. Esta es la pelicula que encumbrará a Inma Cuesta como futura reina de la comedia española y nos confirma a Javier Ruíz Caldera como uno de los directores a seguir dentro del panorama nacional.

El lado bueno de las cosas

Una inusual comedia romántica más amarga de lo que parece. Un hombre con problemas para controlar su ira acude a una chica con problemas depresivos y ninfomaníacos recuperar a su antiguo amor. Pero si quiere que esa chica la ayude, deberá aprender a bailar. Un delirante resumen para la película que le dio el Oscar a Jennifer Lawrence.



Star Trek: En la oscuridad

J.J. Abrahams nos entregó hace unos años un excelente reinicio de una de las sagas galácticas más famosas de todos los tiempos. Este año nos ha traído su secuela, con mucha más acción y una historia más oscura. La galaxia en general y la nave Enterprise en particular se verán amenazados por la perturbadora aparición de John Harrison, un terrorista que sembrará el caos entre Kirk, Spock y compañía.

Rush

La fórmula 1 vive días tristes tras el trágico accidente de Michael Shumacher. Ya en los años 80, la afición del motor se mantuvo en vilo tras la colisión que sufrió el famoso Nikki Lauda y esta película narra la rivalidad entre este piloto austriaco y el inglés James Hunt. Con una dirección vibrante de Ron Howard y una interpretación asombrosa del hispano-germano Daniel Brühl.


Lincoln

Más que un biopic sobre el legendario presidente americano, Spielberg nos entrega un apasionante retrato sobre el proceso de abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Una auténtica clase maestra sobre la política del país yanqui. 

La noche más oscura

Kathryn Bigelow, tras su oscarizada En tierra hostil, volvió a adentrarse en el género bélico para mostrarnos, con precisión quirúrgica, como fue el proceso de localización y asalto a la casa del líder terrorista Osama Bin Laden. Una película realista, seca y tensa que enseña sin miramientos los expeditivos métodos que se han de usar en la guerra contra el terrorismo.

Django Desencadenado

Tarantino lo ha vuelto a hacer. Ha realizado una película que es la delicia de cualquier cinéfilo. Con multitud de referencias, una pareja protagonista carismática y un magnífico Leonardo di Caprio como inusual villano, Django se erige en un delicioso western que mezcla estilos y épocas para alzarse como otro producto genuinamente tarantiniano. Su bastante innecesaria media hora final no consigue empañar el buen sabor de boca que nos ha servido con calidad el director durante todo el metraje previo.

Capitán Philips

Paul Greengrass y Tom Hanks nos sumergen de lleno en el secuestro de un gran barco de transporte de mercancías por parte de un grupo de piratas somalíes. Una dirección aséptica aunque llena de nervio que convierten a la película en un crescendo de tensión continuo hasta llegar a un final en el que literalmente no te quedarán uñas que morder.

Gravity

La gran joya de este año para un servidor. Una auténtica obra maestra de composición en el que la actuación de la pareja protagonista, la dirección, el 3D y los excelentes efectos visuales se conjugan para hacer vivir al espectador una auténtica experiencia de supervivencia en el espacio exterior. El sencillo planteamiento del guión no deja de ser más que una excusa para meternos de lleno en este carrusel de intensas emociones en mitad del desolador cosmos.


PD: Hay una película que, si bien se ha estrenado este año en salas españolas, no la he incluido por haberla visto hace ya más de un año. Estoy hablando de La Cabaña en el Bosque, ese rico divertimento que facturaron Josh Whedon y Drew Goddard. Una auténtica gozada para los paladares más curtidos en el género de terror, capaz de satirizar y darle la vuelta a todo lo conocido.

viernes, 27 de diciembre de 2013

[Crítica ] El Hobbit: La desolación de Smaug


Es curioso como es tradición que cada Navidad haya un estreno gordo en los cines. Una película presupuestada en cientos de millones de dólares, con lo último en tecnología y que además suele ser la adaptación de una conocida obra literaria (ya sea El señor de los Anillos, Harry Potter, Soy Leyenda o las Crónicas de Narnia por poner ejemplos de los últimos diez años). Estas películas se me recuerdan un poco a las típicas comidas de Navidad, esos encuentros familiares o entre amigos a los que hay que ir porque manda la tradición. Y es que, al igual que tenemos que ir a esos banquetes, la mayoría de la gente va al cine en estas fechas por tradición.

Enfrentarse a las películas de El Hobbit se me antoja como uno de los casos más claros de banquetes cinéfilos en toda la historia del cine. Esta segunda parte es una película que, sin duda, arrastrará a hordas de personas al cine más cercano para vivir lo que deberían ser unas sencillas y simpáticas aventurillas fantásticas de un grupo de enanos. Pero no, Peter Jackson, dueño y señor de la Tierra Media decidió hipertrofiar la historia y crear algo mucho más grande, costoso y lujoso.

La experiencia de ver El Hobbit es exactamente igual a la experiencia de enfrentarse a una opípara cena de nochebuena en una gran familia. Primero, la mesa se viste con los últimos grandes lujos; cubertería de plata, candelabros con velas de colores, servilletas rojas de tres capas y con motivos navideños, copas de cristal fácilmente rompible y platos y bajoplatos cuadrados (¡son la última moda!) en un desfile de utensilios para comer que solo se produce esa noche del año). Todo es muy bonito, de factura impecable como lo son la fotografía y los efectos especiales de la película. Pero es cuando comienza el desfile de comida delante de un servidor cuando nos damos cuenta del derroche que se produce en ese día: al principio comienzan a pasar bandejas de surtidos ibéricos, deliciosos en su mayoría, para luego pasar a esos canapés rancios que prepara el cuñado y que se basan en cortar el pan de molde en cuadraditos y colocar un poco de mayonesa, una rodaja de huevo cocido y una anchoa pinchada con un palillo. Como es el principio de la cena, uno arrambla con todo y devora con emoción todo lo que tiene delante. Luego viene el platito de jamón con sus picos, las gambitas y la tabla de quesos variados y seguimos sin hacerles asco a nada, llenando nuestro estómago con esos picos que no saben a nada pero que nos los comemos porque es lo mejor que se puede tomar enrollándole una lonchita de jamón alrededor. Luego aparecerán los huevos rellenos de tu abuela, que nunca deben faltar, y esos experimentos con la túrmix de tu prima: unas tostaditas con algo de color marrón por encima que parece paté y, por norma general, suele llevar mejillones. No te convence pero tienes que probar de ello también. Pero es ahora, cuando ya comienzas a estar lleno, cuando llega la verdadera bomba en forma de los platos estrella que tu madre, tu abuela y tus tías han preparado. Aquí te encuentras con sorpresas de todo tipo: desde unas salchichas al vino riquísimas hasta un pavo al horno reseco de esos que se te quedan pegado al esófago, pasando por esos pimientos rellenos de carne cubiertos con bechamel. Aquí tu estómago ya dice- ¡basta! ¡no puedo más!- pero tienes que comer por cojones, porque tu tía, tu madre y tu abuela te están mirando y sabes que si no devoras como si no hubiese mañana ese plato que te han puesto delante y que podría alimentar a tres tribus de Burkina Faso, renegarán de ti como miembro de la familia y estarás condenado al destierro.

Bien amigos, pues ver las películas de El Hobbit de teja con esa misma sensación. La sensación de estar demasiado lleno, de que sobra demasiado y de que con la mitad todo habría sido mucho más ligero y cómodo. Es cierto que tanto sobre la mesa de la cena de Navidad como en las películas dirigidas por Peter Jackson hay algunos platos que son auténticas delicatesen de primer nivel. Bocados deliciosos que quedan empañados por la sobreabundancia que ya te han llenado.

Cada año recibimos con mayor o menor ilusión la llegada de esa cena y cada año al día siguiente, con la pesadez en el estómago y comentando el descomunal paseo de comida por nuestros estómagos nos decimos a nosotros mismos “que nos quiten lo bailao”.

A Peter Jackson aún le queda por servir el postre. El colofón final al banquete y que esperamos que sea una digestiva mousse de limón acompañada de un rico licor digestivo que nos ayude a bajar la pesada carga que se aloja en nuestras barrigas en lugar del típico y pesado postre hecho con restos de turrón de años pasados. 


martes, 17 de diciembre de 2013

Praga: Viaje al corazón de la vieja Europa

Puente de Carlos
Pocas ciudades del mundo guardan un encanto tan mágico e inolvidable como el que la ciudad checa genera entre sus visitantes, siempre receptivos a sus estímulos visuales. Conocida como ‘La Ciudad Dorada’ o ‘La Ciudad de las Cien Torres’, es uno de los destinos turísticos más importantes de Europa. Un lugar en el que lo misterioso y lo mágico se mezclan con algunas notas de modernidad que transportan al visitante a un mundo de ensueño. Señoras y señores, sean bienvenidos a Praga…
Aeropuerto de Vaclav Havel y dejar el equipaje en el hotel, el viajero novato en esta mágica ciudad ha de plantearse qué ver. Praga ofrece multitud de rincones interesantes, pero para hacernos una primera idea de lo que la ciudad guarda en su interior, es indispensable comenzar el primer paseo por sus calles en la Plaza de la República. Allí podremos admirar el maravilloso edificio estilo art decó de la Casa Municipal, actualmente uno de los restaurantes más visitados de la ciudad, aunque no precisamente de los más baratos.
Justo al lado de la Casa Municipal tenemos la famosa Torre de la Pólvora. Esta sorprendente torre de color negruzco sirve como puerta de entrada a la Praga más monumental y mágica. Cruzándola daremos paso a la calle Celetná, que inevitablemente se ha llenado de pequeñas tiendas de souvenirs y restaurantes adaptados a los gustos del visitante. Un sacrificio que toda ciudad turística tiene que hacer pero que afortunadamente no se deja notar gravemente en la Plaza de la Ciudad Vieja, la más conocida de la ciudad y plató de algunas películas como Misión Imposible o Casino Royale.
Plaza de la Ciudad Vieja
En este emblemático lugar podremos admirar la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, un edificio con tejados al estilo torreones de cuento de hadas y con su fachada extrañamente oculta tras un grupo de casas. Frente a ella tenemos el Ayuntamiento de Praga, con su imponente torre gótica de 60 metros y el atractivo extra del albergar el famoso Reloj Astronómico.
Tras embriagarnos durante bastantes minutos con el frenético ambiente de la plaza, tomaremos las calles que salen desde el Reloj Astronómico en dirección al famoso Puente de Carlos.
Estas calles empedradas, repletas de turistas y tiendas de todo tipo –las más populares y típicas son aquellas que venden marionetas de madera, piezas hechas con cristal de bohemia o licorerías con cerveza y absenta– nos llevan hasta una pequeña plaza con una estatua en honor al Rey Carlos, la pequeña pero imponente en su interior Iglesia de San Francisco de Asís y la torre que nos da la entrada al fantástico Puente de Carlos.
Miles de turistas cruzan cada día esta construcción flanqueada por treinta conjuntos de estatuas que representan distintas escenas y santos de la Biblia. Bajo nosotros, las aguas del río Moldava recorren plácidamente la ciudad siendo surcadas por múltiples puentes, una de las señas de identidad de la ciudad.
Puente de Carlos sobre el río Moldava con la catedral de San Vito al fondo
Tras esquivar a los numerosos turistas, músicos y vendedores de todo tipo que suelen poblar el puente, cruzaremos la torre del otro extremo y nos adentraremos en el empinado barrio de Malá Strana. En la plaza que da nombre al barrio podremos admirar el mayor exponente del arte barroco de la ciudad de Praga, la Iglesia de San Nicolás. Una parada necesaria para reponer fuerzas antes de enfilar las empinadas calles y las escaleras de Zámecké Schody hasta el Castillo de Praga. Este conjunto que ahora es la residencia del presidente de la República Checa, alberga la impresionante Catedral de San Vito, el antiguo Palacio Real, la basílica y el convento de San Jorge, el Callejón del Oro o múltiples torreones, se considera el castillo más grande del mundo. Lo cierto es que recorrer sus interiores al completo puede llevar al viajero varias horas, pero entrar a la catedral y admirar las vistas de la ciudad desde la colina en la que está situada se antoja como algo imprescindible para cualquiera que tenga intención de visitar la ciudad.
Lo que todo el mundo no conoce.
Hasta aquí, el viajero habrá conocido los lugares básicos e imprescindibles que cualquier viaje organizado enseña al turista que llega a la ciudad. Pero Praga es mucho más que esta imagen de postal. Cualquiera que decida seguir subiendo la colina del barrio de Hradcany se encontrará con El Loreto, un lugar de peregrinación, puesto que esta iglesia contiene una réplica de la casa de la Virgen María, y si se avanza un poco más se llegará al Monasterio de Strahov, que alberga una de las librerías más bellas del mundo.Regresando al centro, es inevitable pasar por la enorme plaza de Wenceslao, rodeada por numerosos hoteles, restaurantes y centros comerciales pero presidida por el imponente edificio del Museo Nacional –actualmente en restauración–. Cerca de allí se encuentra el Teatro Nacional, con su tejado de oro, y la Plaza de Carlos, con varias iglesias en ella y un parque en el centro, próximo a los edificios danzantes, curiosa obra del responsable del Museo Guggenheim de Bilbao.
Praga no es sólo edificios bonitos, es una ciudad llena de colinas que albergan preciosos parques, lugares ideales para relajarse con los amigos y disfrutar de una deliciosa cerveza checa en uno de sus numerosos beergardens. El parque de Letna, coronado por un gigantesco péndulo, nos ofrece las mejores vistas de la Ciudad Vieja rodeada por el serpenteante río Moldava.
Parque de Riegrovy Sady
Por su parte, la colina de Petrín, con su “Torre Eiffel”, sus laberinto de espejos y su observatorio astronómico, es uno de los lugares preferidos por los locales para pasar los fines de semana. Vysehrad y su imponente iglesia junto a un bello cementerio –dónde están enterrados varios checos ilustres– ofrece una bonita estampa desde el sur de la ciudad. En el parque de Riegrovy Sady, casi a los pies de la torre de televisión de Žižkov –considerada como uno de los edificios más feos del mundo y en la que se sitúan los perturbadores “bebés escaladores”– se puede degustar una buena cerveza negra checa mientras se aprecia cómo el sol se esconde tras el castillo de Praga en el atardecer. Una experiencia más que recomendable.
Reportaje publicado originalmente en SPlus Magazine

domingo, 15 de diciembre de 2013

Teaser de Interestellar, lo nuevo de Christopher Nolan


Curiosamente el día en que reviso su última producción, la reivindicable Man of Steel, me encuentro con que ya se puede disfrutar de un pequeño aperitivo del próximo proyecto del director de la última trilogía de el Caballero Oscuro.


Aún queda casi un año para el estreno de esta gran producción protagonizada por Matthew
McConaughey, Jessica Chastain, Anne Hathaway, Wes Bentley, Michael Caine, John Lithgow, Ellen Burstyn y Casey Affleck. De momento, aquí tenemos ya el teaser como primer adelanto de la avalancha de trailers y avances que nos llegarán de aqui al 7 de noviembre de 2014.

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Una tarde con Trueba

Fernando Trueba. Foto de Luís Vázquez Pérez
 Fernando Trueba es, sin lugar a dudas, una de las figuras más importantes del panorama cinematográfico español. Uno de los nombres que no deberían faltar en cualquier libro de historia del cine nacional. Un Oscar y tres Goyas, entre otros muchos premios, adornan las estanterías de su casa. Pero, a pesar de todo ello, uno no deja de sorprenderse ante la sencillez y cercanía que demuestra un director que se ha codeado con los más grandes y se ha convertido en uno de ellos.
Resulta curioso cómo el destino es caprichoso en multitud de ocasiones. Una tarde de marzo, en la bella ciudad de Praga, se organiza un pase de la última película de Trueba, El artista y la modelo. Durante la proyección, el abundante público quedaba encandilado con la profunda y a la vez sencilla historia de un viejo escultor francés que tan solo quiere inmortalizar el cuerpo desnudo de una joven que ha huido de la Guerra Civil española. Al finalizar el pase, el público se lleva una agradable sorpresa: Fernando Trueba se presenta en la sala para hablar con ellos.
Aprovechando mi condición de periodista me acerco a su asistente y le pregunto si puedo entrevistarle. Poco después me hallaba con mi compañero fotógrafo en una sala esperando a que el director se presentase. Fernando Trueba llegó y pareció sorprenderse al ver a dos españoles jóvenes trabajando en Praga. Tras soltar un conocido chiste sobre la localidad de donde procedo, comencé la entrevista preguntando por su última película, lógicamente.
Él parecía tener ya preparada su respuesta al hablar de la vejez y de esperar el momento oportuno para acometer cada proyecto: “He estado muchos años pensando en hacerla pero siempre la he ido retrasando porque pensaba que era demasiado joven para llevarla a cabo. Siempre he ido encontrando otras películas que hacer antes que ésta y es que El artista y la modelo trata de un hombre de 80 años y me decía a mí mismo que cuanto mayor fuese, más cerca estaría del personaje”. Tras hablar largo y tendido sobre la bellísima fotografía en blanco y negro de su última producción -“Nunca pensé en ella de otra manera”, admite– y del sorprendente casting de grandes figuras del cine –“Tenía el casting en mente ya cuando escribía el guion. Incluso a Aida Folch, que hizo su primera película conmigo, ya la tenía en mi cabeza”–, pasamos a hablar de la buena aceptación internacional que parece tener actualmente el cine hablado en castellano. “No creo que el cine se valore por el idioma en el que está hablado. Creo que siempre se ven películas de todas partes. Hubo una época en el que el cine mexicano era muy potente y se convirtió en una industria muy popular en España y Latinoamérica. También en los años 60 y 70 el cine brasileño estuvo muy de moda. Y en los últimos años hay muchos directores argentinos, mexicanos y brasileños que están haciendo muy buenas películas”, comenta.
Fernando Trueba y servidor durante la entrevista. Foto de Luís Vázquez Pérez
Trueba sigue siendo un completo defensor de la multiculturalidad frente a la dominación del cine comercial norteamericano y no dudó en hacer referencia a ello en múltiples ocasiones: “Todos vemos James Bond en lugar de ver las películas de nuestra lengua. Imagina que no pudieras leer a Borges, ni a Vargas Llosa porque lo que tienes es que leer novelas de espías de Ken Follet. Eso culturalmente sería un desastre y eso es lo que ha pasado en el cine”, explica. Por eso, uno de sus próximo proyectos es un documental que trate de rescatar y dar a conocer a todos aquellos directores y películas latinoamericanas que han vivido ocultas en un segundo plano. Trueba quiere que, en definitiva, el espectador se eduque, empiece a apreciar las historias producidas en su propia lengua y deje de acudir exclusivamente a ver las grandes superproducciones. “Los españoles no sabemos nada de Portugal ni del cine que allí se produce. Si le preguntas a un colombiano por el cine brasileño tampoco sabe nada, al igual que si le preguntas a un argentino sobre el cine mexicano. Pero en la literatura eso no ocurre. Todos sabemos quién es Vargas Llosa, quién es García Márquez, quién es Borges… Creo que eso es porque nuestros políticos han sido tradicionalmente incompetentes y corruptos.
Ahora que tenemos un Papa argentino lo primero que me vino a la mente fue un verso de Caetano Veloso que habla de ‘la incompetencia de la América católica’; bien, esa incompetencia de los políticos vendidos a las compañías internacionales ha provocado que nuestro mercado se haya entregado a las majors”.
Tras pedir un último café y convencer a su traductora para que me diese su número de teléfono, Fernando Trueba comenzó a hablarme de sus próximos proyectos como la secuela de La niña de tus ojos o sus próximas incursiones en el cine de animación junto a Mariscal tras el éxito de Chico y Rita: “Acordamos trabajar de nuevo tras aquella experiencia. Estamos pensando en dos proyectos que empezaríamos a escribir cada uno por separado y luego colaborar juntos. Lo que ocurre es que él está muy avanzado en el suyo y yo en el mío muy retrasado. Pero sí que seguiremos en la animación”. Una breve sesión de fotos con unas pequeñas esculturas que se encontraban en la entrada del cine puso el broche final al encuentro con un director de Óscar: Fernando Trueba, excelente director y mejor persona.
  • La entrevista fué realizada en el marco del FebioFest, festival de cine de Praga

Artículo publicado en SPlus Magazine