viernes, 4 de diciembre de 2015

La voz dormida: revisitando lugares comunes


Hay un estereotipo que muchos españoles repiten sin cesar cada vez que se les pregunta sobre el cine producido en nuestro país: las películas españolas sólo tratan sobre la guerra civil, o son comedias con abundancia de desnudos femeninos, o son dramas sobre yonkis, prostitutas y homosexuales. Un repaso a la producción nacional, sobre todo a lo largo de los últimos años, desmonta rápidamente este estereotipo y demuestra que nuestro cine es rico en variedad de géneros e historias. Pero la historia de España está intrínsecamente ligada a ese duro período histórico que fue la Guerra Civil y la postguerra y no podemos ni debemos evitar asomarnos a esa época que nos sigue marcando un poco cómo somos hoy en día.

La voz dormida es el último film del poco prolífico director de Lebrija, Benito Zambrano. Un acercamiento a una de las obras cumbres de la tristemente fallecida escritora Dulce Chacón, un alegato en pos de la lucha y los derechos de las mujeres que sufrieron en las cárceles españolas durante los primeros años del franquismo. La historia es dura a la par que sencilla, Hortensia es la esposa de un miliciano huido que está cumpliendo pena en una cárcel de mujeres por sus ideales republicanos. Hortensia está embarazada y su hermana Pepita hará todo lo posible porque ella y su futuro sobrino consigan salir libres.

He de reconocer que desconozco la obra original de Chacón, aunque admito que he oído muy buenos comentarios acerca de ella y de cómo implica emocionalmente al lector. Benito Zambrano nos presenta una película llena de lugares y situaciones comunes que decide no arriesgar a contar nada nuevo. La historia que nos cuenta es algo muy dramático y seguramente que no habrán sido poco los casos en los que mujeres encarceladas y familiares se hayan enfrentado a algo así. El problema de esta película es que se queda en la superficie, no muestra ni de una manera dura todo el sufrimiento de Hortensia o de Pepita, ni ahonda con mayor profundidad en la psicología de ellas, ni trata de dar un nuevo enfoque o giro a la historia que aporte algo nuevo.

La producción de la película raya a gran altura, con unos escenarios convincentes y unas interpretaciones excelentes en su dúo protagonista, pero que decaen notablemente si nos fijamos en los secundarios masculinos que pueblan el relato. Es una lástima puesto que tanto la factura interpretativa como el nivel de producción permitirían haber entregado un producto con una entidad mucho mayor en lugar de la historia de peregrinaje de Pepita clamando ayuda por su hermana Hortensia.



La voz dormida es una película efectiva y efectista, un drama que a buen seguro arrancará la lágrima a más de uno pero que se desvanecerá rápidamente en el recuerdo junto a otros tantos dramas sobre la Guerra Civil que también prefirieron quedarse en los lugares y personajes comunes (el miliciano escondido, el contrabando a pequeña escala, la Iglesia como órgano represor, los militares franquistas, los republicanos como adalides de la libertad…= en lugar de tratar de dar una visión más profunda, tridimensional, incómoda y completa sobre un hecho histórico que sigue marcando a fuego nuestra historia contemporánea.