Tras un ataque en el frente africano en el que queda gravemente herido, perdiendo una mano, dos dedos y un ojo, el coronel Claus Von Stauffenberg empezará a odiar aún con más saña al régimen nazi. A su vuelta a Alemania contactará con un grupo de oficiales que están dispuestos a asesinar a Hitler y dar un golpe de estado mediante el ejército de reserva gracias a un plan que ideó el propio Hitler en caso de que falleciese, la operación Valkiria.
Un argumento de lo más interesante, basado en hechos reales es el pilar de este film hecho a mayor gloria de Tom Cruise. La historia está bien llevada y no llega a hacerse pesada en ningún momento. Las escenas de diálogos se suceden durante las dos horas de metraje con poca acción y ya es un mérito que en Hollywood no hayan metido con calzador algún que otro tiroteo entre medias para hacer la cosa más impactante –aunque el ataque aéreo del principio en el que Stauffenberg resulta malherido es ciertamente impactante-. El rigor histórico es bastante fuerte, lo que puede darle un aspecto algo frío al film pero a su vez le aporta seriedad y trascendencia. Volviendo al tema de la historia, el hecho de que se trate de una conspiración, que se enclave en la segunda guerra mundial y que sus protagonistas sean los propios nazis intentando acabar con Hitler ya es suficiente para captar el interés del espectador, pero tiene más merito aún sabiendo que la gente conoce cómo acabó la operación Valkiria y, aún así, se consigue un alto nivel de suspense en buena parte del film que te llega a dar esperanzas de que la operación Valkiria puede salir bien.
Pero el film tiene un gran lastre y es el personaje del coronel Claus Von Stauffenberg. Casi toda la película gira alrededor de su figura y uno llega a tener la sensación de que es casi el único que está moviendo los hilos para que buena parte de los altos mandatarios nazis apoyen la operación Valkiria. El hecho de que se centre en su figura convierte lo que podría haber sido un minucioso estudio coral sobre los principales implicados en la trama en un film plano. Se debería haber ahondado en cada uno de los implicados, en sus motivaciones ideológicas y no centrarse en un personaje que en la película parece que organiza el plan sólo por venganza por haber perdido la mano y el ojo.
En cuanto al reparto actoral, raya a un nivel envidiable hoy día aunque falla precisamente en dónde menos debería, en su protagonista. Tom Cruise no logra que empaticemos con él, que sintamos lo que el siente, simplemente logra caernos simpático porque interpreta a un nazi bueno. El resto del reparto está compuesto por Bill Nighy –en una interpretación memorable- , Eddie Izzard, Kenneth Branagh –que desaparece al principio del film de forma súbita, pero aún así su presencia siempre es de agradecer-, Stephen Fry, Thomas Kretschmann –en un papel que le viene como anillo al dedo, pues este actor parece haberse especializado en interpretar nazis-, Tom Wilkinson y Terence Stamp -ambos soberbios-. Resaltar que me parece desaprovechado el papel de Carice Van Houten haciendo de la esposa del coronel Stauffenberg, ésta excepcional actriz sólo aparece en dos momentos, cuando Stauffenberg llega malherido de la guerra y otro en el que se intuye que está embarazada, pudíendo haber sido un gran apoyo con el que dar mayor empaque emocional a la cinta.
En fin, una película digna de verse en cine aunque se queda corta respecto a lo que pudiese haber sido si se hubiese tratado de una manera mucho más profunda y con más metraje.
Título: Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands) Director: Tim Burton Año: 1990 (USA) Intérpretes: Johnny Depp, Winona Ryder, Diane Wiest, Alan Arkin y Vincent Price.
Sinopsis Una vendedora a domicilio encuentra en un viejo caserón abandonado a un extraño joven que tiene tijeras en vez de manos. Lo acoge en su casa trastornando la vida de todo el vecindario.
Crítica Emocionante historia acerca de un personaje que es distinto al resto. Un puzle que incluye referencias a clásicos como La Bella y la Bestia, Frankenstein o el film sobre los monstruos de circo La Parada de los Monstruos (Tod Browning, 1932). La película es sencillamente un cuento de esos que cuentan las abuelas a sus nietos antes de dormir (como bien muestra el encantador prólogo de la cinta), una historia mágica acerca de un chico diferente en un mundo de locos. El intento de adaptarse a una sociedad de alguien que ha nacido fuera de ella, provocando curiosidad y expectación acerca de su persona al principio y siendo rechazado más tarde. Se puede ver claramente una denuncia contra la falsedad imperante en la sociedad de nuestros días, donde de repente algo que adoramos se convierte, por boca de otros, en algo que tenemos que temer. Una historia simple en apariencia, pero con tantas lecturas como pueden tener cualquiera de los clásicos antes citados. Johnny Depp compone un protagonista memorable. Interpreta a un Eduardo Manostijeras callado, sincero y amable, que es, en definitiva, una persona dulce que aún no ha sido corrompida por la sociedad. Se enamora del personaje de Winona Ryder, pero lo hace como cuando los niños chicos se enamoran. Depp consigue con esta interpretación que rápidamente cojamos cariño al personaje y, es más, difícilmente conseguiremos olvidarnos de él. Por otro lado, Winona Ryder interpreta al interés amoroso de Eduardo en un papel bastante sencillo. Con ser una chica popular de instituto con novio atractivo pero chulo, y sentir algo de pena y compasión por el protagonista ya le basta, y cumple con la tarea. Diane Wiest y Alan Arkin interpretan al matrimonio que acoge en su casa a Eduardo. Diane es realmente creíble en su papel de una madre ignorada por el resto de sus vecinas que ve en Eduardo la posibilidad de acercarse un poco más a ellas, pero sin dejar de lado el hecho de que lo aprecia realmente. Alan Arkin crea a un padre de familia bastante despreocupado y que queda en un segundo plano frente a la hija y la madre. También es destacable la labor interpretativa de todas las actrices secundarias que conforman el nutrido grupo de vecinas tan superficiales. Pero sin duda, la interpretación más memorable tras la de Johnny Depp, es la de un Vincent Price ya anciano en su último papel. El que fuera el abominable doctor Phibes, nos lega una última interpretación para la eternidad. Su figura en el papel como inventor que crea a Eduardo inunda la pantalla y consigue que con unos pocos minutos en pantalla, y menos palabras aún, sintamos aprecio por su personaje. En cuanto a la dirección es precisa, de un ritmo ajustado, con un montaje a la altura. Tim Burton abandona en esta película las florituras de su anterior film (Batman) para dotar a la película de un clasicismo que aumenta esa aura mágica que tiene, permitiéndose además un homenaje a Frankenstein en una de sus escenas. Respecto a la fotografía, es interesante observar el contraste entre la luz oscura y los decorados tenebrosos del castillo con el colorido y la luz brillante de la urbanización (constante que se mantiene en la mayor parte de la filmografía de Tim Burton). La mágica música de Danny Elfman ayuda a resaltar lo mágico de la historia de manera sobresaliente con un tema principal que quedará en la memoria al igual que el de Bitelchus o Batman. Un film magnífico que permanecerá en la memoria de cualquier espectador que se acerque a él. Seguramente el film más personal de toda la filmografía de Tim Burton, junto a Pesadilla antes de Navidad.
Mi gran amigo Alfredo, con el que me he corrido alguna que otra fiestecilla es un tio de los de órdago. Siempre podrá sacarte una sonrisa, pero nunca como en esta sorpresa que me pasaron. A Alfredo no se le ocurrió otra cosa que llamar al programa Hablar por hablar y... mejor que lo escuchen ustedes mismos.
Sin duda una clásico que permanecerá en la memoria de todo aquel que lo haya visto. Una noche loca vista en primera persona con un final inesperado acompañado de una música que ha aparecido en infinidad de películas y anuncios de tv. Prodigy no ha vuelto a superarse desde entonces.
Frank Miller es, con toda seguridad, uno de los nombres de los que más se han hablado en el mundo en los últimos años. El éxito de su adaptación de Sin City (dirigida por él mismo junto con Robert Rodriguez) y de la espectacular 300 (Zack Snyder, 2007) han hecho que se empiecen a tener en mucho más en cuenta las obras de este guionista y dibujante de cómics de Maryland.
Comenzó trabajando para la prestigiosa editorial Marvel en 1979 realizando un crossover entre Spiderman y uno de los superhéroes que le dieron la fama, Daredevil. Con Daredevil comenzaría una fructífera relación lanzando grandes historias en este período. De Marvel, Frank Miller saltó a la editorial de la competencia, la editorial DC, dónde comenzó creando la historia de Ronin, un samurai que es transportado a un futuro postapocalíptico. Con mayor impacto aún que en Daredevil, Frank Miller consiguió devolverle el prestigio perdido a Batman por la colorista serie y las desmadradas historietas con su imprescindible díptico El regreso del señor de la noche y El señor de la noche contraataca, a la vez que reasentaba y reinterpretaba las bases del mito del hombre murciélago con la espléndida Batman: Año Uno.
En los 90 deja un poco de lado a los superhéroes para centrarse en la creacion de historias propias. La primera de ellas es la hiperviolenta Hardboiled, con unos increiblemente detallados dibujos de Geoff Darrow, a la que seguiría toda la saga de Sin City, con ocho tomos por el momento, y la recreación de la batalla de las termópilas llevada a cabo junto con su esposa, la ilustradora Lynn Varley, en la obra 300.
Con The Spirit, Frank Miller ha querido dar el salto en solitario a la dirección de películas intentando crear un híbrido perfecto entre cómic y cine.
Eisner, quizás a muchos no les diga nada este nombre, pero a todos aquellos que conocen la historia del noveno arte seguro que han leido algo de esta gran figura del cómic. Will Eisner es la mano de la que salieron los personajes de The Spirit y el principal precursor de lo que hoy conocemos como novela gráfica con su obra Contrato Con Dios.
Will Eisner vino al mundo un 6 de marzo de 1917 en el neoyorquino barrio de Brooklin para abandonarlo 87 años después en Lauderdale Lakes (Florida). Empezó colaborando con el creador de Batman, Bob Cane, en la revista de su colegio para después empezar a dibujar historietas en numerosos diarios y revistas hasta que llegó la que, sin duda, es su principal creación, The Spirit. El intrépido detective dado por muerto Denny Colt le reportó grandes beneficios y mucho prestigio a través de los suplementos dominicales y las tiras diarias de los periódicos estadounidense. Su afilada pluma y el uso de un lenguaje secuencial que acercaba el cómic al cine con encuadres y juegos de luces y sombras muy similares fueron muy influentes en el mundo del séptimo arte. Pero tambien decidió evolucionar en el sentido de que quiso que el cómic fuese un arte tan respetado como la literatura y por eso creó Contrato con Dios, una obra que recoge cuatro historias del barrio del Bronx, a la que siguieron Vida en otro planeta, Nueva York: La gran manzana, El último día en Vietnam o Fagin el Judío.
Sin duda, Will Eisner es uno de los mayores genios de la historieta que permanecerá inmortal para siempre en las páginas que el escribió y dibujó. En 1988 se crearon en su honor los premios Will Eisner de historieta que se entregan anualmente en la convencion de cómics Comic-Con de San Diego.
Pues lo dicho, que este nuevo año os traiga muchas alegrís, deseos cumplidos y también mucho cine, y del bueno. Espero que hayáis empezado el año con mejor pata que yo, que me caí esquiando hace un par de días y me fastidié la pierna izquierda. Al menos he entrado con el pie derecho en el nuevo año -porque con el izquierdo no puedo-. Un abrazo a todos¡¡¡
A pesar de sus 78 años, Clint Eastwood sigue al pie del cañón cinematográfico para traernos buen cine con El Intercambio, película basada en un suceso real y que tiene a Angelina Jolie como protagonista.
En el año 1928 Christine se ve obligada a dejar a su hijo solo en casa para trabajar en un turno extra como telefonista. Cuando vuelve, se encuentra con que su hijo no está en casa. Pasan meses de agonía y búsqueda hasta que el departamento de policía encuentra a un chico que dice ser el hijo de Christine. Ella no lo reconoce como tal y comenzará una lucha por demostrar que ese no es su hijo desaparecido que la llevará a ser internada en un asilo de enfermos mentales.
El argumento puede a carne de telefilm de domingo por la tarde, pero Clint Eastwood ha sabido salirse de los tópicos más sensibleros y tratar la historia con elegancia y firmeza. Lógicamente, el film está plagado de momentos en los que la madre llora por su hijo pero, el que anteriormente fuese Harry Callahan, ha optado por hacer una recreación de un contexto histórico (Los Ángeles de finales de los años 20 y principios de los 30) y el conjunto de situaciones que rodearon aquel suceso. La película no solo muestra el sufrimiento de una madre. La película es un fresco en el que se puede ver la corrupción que imperaba en el departamento de policía de Los Ángeles en aquellos años –considerado como el departamento de policía más violento de todos los Estados Unidos-, la lucha en los medios de un reverendo por que se haga justicia con Christine y la investigación sobre unos salvajes crímenes en un rancho. Con todo, la película tiene el ritmo justo y no se hace pesada en ningún momento hasta el último tramo. Sus últimos 20 minutos consiguen cansar un poco al espectador en su butaca que lleva ya más de dos horas de película y en esta parte final podrían haberse reducido a la mitad de metraje los acontecimientos narrados para así potenciar el dramatismo de la historia y mantener el acertado el acertado ritmo que tenía la película.
Las interpretaciones rayan a gran altura destacando a una Angelina Jolie en un papel de esos que parecen estar hechos especialmente para ser nominados a un Oscar, encarnando de forma acertada a una madre sufriendo por la ausencia de su hijo y que las circunstancias la llevan a ser encerrada en un manicomio por desacreditar a la policía. Pero no olvidemos la interpretación de Jeffrey Donovan (protagonista de la serie Último Aviso) como el jefe de la brigada de desaparecidos y que compone a la perfección un personaje egoísta al que solo le interesa su propio bienestar y salvar la imagen del cuerpo de policía. Pero sin duda, el descubrimiento de la película es el joven Gattlin Griffith que se mete de una manera más que convincente en el papel del falso hijo de Christine. Sin duda, el señor Eastwood tiene buen ojo al elegir el plantel de actores para sus películas.
En cuanto a la dirección, Clint Eastwood hace gala de un clasicismo exquisito que ayuda a adentrarse aún más en el contexto del film. Una cámara elegante compone secuencias tan perfectamente estudiadas de las que cualquier fotograma puede extraerse una fotografía perfectamente encuadrada e iluminada.
En resúmen, una película totalmente recomendable que se suma a la excepcional filmografía como director de Clint Eastwood que ya nos había dejado títulos como Mystic River, Cazador Blanco Corazón Negro, Million Dollar Baby o Los Puentes de Madison.
Como soy un ansias, ayer me apresuré en acercarme raudo cual gacela al Mediamarkt de Santa Justa para hacerme con mi edición especial de El Caballero Oscuro (la de la carátula que parece un libro y contiene unas postalitas, la de la máscara me parecía demasiado friki y hortera) cuando cual fué mi sorpresa al decirme que había llegado demasiado pronto y aún no tenían los DVD´s. Ya esta mañana he ido más calmadito y por 20 eurillos he añadido esta gran obra a mi pequeña colección de pelis.
Sin duda, El Caballero Oscuro es un film brillante en casi todos sus aspectos, pero si tengo que resaltar una escena, me quedo con esta en la que se presenta oficialmente al Joker. Juzguen ustedes mismos.
Jim Caviezel aterriza en nuestras pantallas para traernos una historia de ciencia ficción con un argumento ciertamente llamativo, en plena época vikinga una nave extraterrestre se estrella en Noruega. Antes de nada aclarar que para ver esta película hay que tener la mente abierta y entrar en el juego que propone. El argumento puede parecer un tanto absurdo visto en un primer momento –aunque, de hecho, ¿por qué no iban a poder llegar los extraterrestres a la tierra en otra época que no sea la actual?- y el presupuesto no daba para que el film alardease de medios técnicos. Pero si se aceptan esas premisas, el espectador se encontrará con un film entretenido y llevado de una forma digna.
En el siglo VI de nuestra era, un pastor vikingo ve como una bola de fuego surca los cielos de Noruega. La bola de fuego es la nave envuelta en llamas de un humano extraterrestre que se termina estrellando en mitad de un pequeño lago y que lleva consigo a un voraz huésped alienígena, el Morwind. El único humano que ha sobrevivido al accidente, Kainan., (Jim Caviezel) consigue integrarse en una tribu vikinga de los alrededores, que resulta estar en conflicto con otra tribu vecina. Pero las misteriosas muertes que se suceden a manos del alienígena y la aparición de Kainan turbarán la vida de los vikingos.
El argumento es simple y bastante previsible. Es como si al final de Alien, la Sigourney Weaver no se hubiese dado cuenta de que llevaba un Alien consigo hasta que la nave aterriza en la Tierra y en la época de los vikingos –por culpa de un agujero de gusano o cualquier otra excusa argumental similar-.Los personajes son presentados con rapidez y de forma bastante sencilla, quedando claro que para un producto de estas características no se necesita precisamente que se esmeren en ahondar en la personalidad de sus protagonistas. Pero quizá el mayor fallo que se le puede achacar en este sentido es no haber dotado de una mayor relevancia al carácter de humano extraterrestre al personaje de Jim Caviezel, Keinan. Su personaje podría ser perfectamente un héroe de la tribu, o un extranjero proveniente de otra región que se enfrentase a una criatura desconocida de origen extraterrestre y la película no cambiaría en absoluto –sólo los flashbacks que explican qué pasó con Keinan y el Morwind en el pasado-. El ritmo fluye de manera ligera tanto en el primer como en el último tercio de Outlander, resintiéndose en una parte media que consigue que lo que sucede en ella carezca de interés -y es que los 115 minutos del film son demasiados para una película de estas características. Recortándolo hasta los 85/90 minutos habría quedado como un filme de entretenimiento perfecto-. Por otra parte, los acontecimientos se vuelven un tanto previsibles, pudiéndose adivinar fácilmente quien va a morir en cada ataque o qué sucederá al final.
Las interpretaciones cumplen con lo esperado destacando especialmente a unos notables Jim Caviezel como Keinan y a un John Hurt (Los crímenes de Oxford) que consigue hacer suyo el papel de Rey vikingo. Por otra parte, el mítico Ron Perlman (Hellboy) consigue convencer como Gunnard, el jefe de la tribu enemiga, sobretodo gracias a su peculiar fisonomía (ideal para este papel). Desgraciadamente tanto Sophia Miles (Underworld) como Jack Huston (Cabeza de muerte) no convencen en sus roles de la chica que encandila al protagonista o del príncipe heredero que ve en el recién llegado Keinan a un rival y luego a un amigo.
En cuanto a los efectos especiales hay que tener en cuenta que el presupuesto de la película apenas sobrepasaba los 45 millones de dólares por lo que estos no es que estén precisamente a la vanguardia. Hablando de la criatura sólo se puede decir que el diseño es bastante original al incorporarle una luminiscencia parecida a la que poseen algunas especies marinas abisales o las mismas luciérnagas. Mientras sean escenas oscuras dónde sólo se vislumbre al Morwind tienen un pase, pero todas las escenas de día o aquellas en las que se le ve plenamente huelen a píxel en cada uno de sus fotogramas de una forma descarada. Por otro lado, la recreación de la época vikinga, sin ser excesivamente original, cumple al conseguir trasladarnos a aquel entonces sin problemas al igual que sucede con el vestuario y las armas.
En fin, un film que sin ser una maravilla puede servir para pasar una tarde entretenida pero que, de haber contado con un guión más medido y un presupuesto mayor para invertir en acción y efectos, seguro que se habría convertido en un gran taquillazo y una película de lo más recomendable.
Me llena de orgullo y satisfacción comprobar como en el número de diciembre de la revista gratuita Cibergamers, han publicado en la pequeñisima sección de cine mi reseña de Ultimatum a la Tierra. Puede parecer una tontería a muchos, pero esa pequeña reseña de apenas 350 palabras publicada con mi nombre en una revista de tirada nacional (con unos 10.000 ejemplares de tirada), me llena de ilusión. Un primer paso profesional fuera de páginas y blogs de Internet que me acerca un pelín al sueño aún lejano de dedicarme a esto del periodismo cinematográfico de manera profesional.
Spielberg se puede decir que es el prototipo de hombre hecho a sí mismo, empezando desde lo más bajo hasta llegar a ser uno de los personajes más importantes de la historia del cine. Suyos son varios de los títulos más emblemáticos y taquilleros de los últimos treinta años, ha creado un gigantesco estudio de cine llamado Dreamworks (que recientemente fue absorbido por la todopoderosa Paramount, aunque si división de animación se mantiene independiente) y ha conseguido que su nombre sea un reclamo más poderoso aún que los actores que intervienen en sus películas. Él es el Rey Midas de Hollywood.
Steven Allen Spielberg nació el 18 de diciembre de 1945 en Cincinnati, Ohio y no es que el cine le viniese de familia, es hijo de un ingeniero electrónico y una concertista de piano, pero se generó en sus venas mientras recorrían los Estados de América debido a los numerosos traslados laborales de su padre. Había empezado, a la tierna edad de 15 años, a dirigir pequeños cortometrajes caseros (el primero de ellos fue un pequeño western titulado The Last Gun), pero a los 18 años ya había escrito y dirigido su primera película, Firelight (1964), que consiguió que se proyectase en un pequeño cine de la ciudad de Phoenix. Con 20 años el destino le llevó a asentarse en Los Ángeles, dónde se matriculó en la Universidad de California de Long Beach para estudiar cinematografía, abandonándola a medida que le surgían sus primeros proyectos profesionales y de la cual no obtuvo el título de graduado hasta el año 2002.
Tras el estreno de su cortometraje Amblin (1969), que recibió numerosos premios y dio nombre a la productora que creó posteriormente, la Universal decidió contratarle para dirigir a Joan Crawford en un episodio de la serie de relatos Night Gallery -continuadora de la archiconocida, En los límites de la realidad, y de la cual el propio Spielberg realizaría una especie de remake con su serie, Cuentos Asombrosos-. A partir de ahí, al joven realizador judío empezaron a lloverle ofertas para dirigir numerosos proyectos televisivos hasta que llegó El diablo sobre ruedas. Aquel pequeño film –basado en un relato que el famoso escritor de ciencia ficción Richard Matheson (Soy Leyenda)- contenía tanta calidad que los productores decidieron estrenarlo comercialmente en cines, cosechando un notable resultado en taquilla. Pero el campanazo llegó con su tercera película, Tiburón, un excelente ejercicio de suspense que sobrepasó los 100 millones de dólares de recaudación e inauguró lo que sería un nuevo tipo de películas, los “blockbusters”.
Desde el estreno de Tiburón, Spielberg empezó a encadenar sin descanso numerosos films de éxito (como Encuentros en la tercera fase, En busca del arca perdida, E.T., Jurassic Park…) con algún que otro fracaso (como la fallida comedia 1941 o Always). Consiguió lo que antes sólo habían hecho Hitchcock o Ford o Chaplin, que el hecho que su nombre apareciese en el cartel de la película influyese más en la gente que la propia historia del film. Muchos le acusan de haber infantilizado el cine convirtiéndolo en un mero entretenimiento, transformando ese tipo de cine que hace en un sello personal suyo. Pero lo cierto es que su cine encierra más calidad de la que aparenta y que, sobretodo desde el estreno de El color púrpura, ha tocado una amplia gama de géneros y estilos. A pesar de situarse siempre en la vanguardia tecnológica y haber revolucionado el ritmo cinematográfico –convirtiendo a algunas de sus películas en auténticas montañas rusas como pueden ser las cuatro entregas protagonizadas por el mítico arqueólogo Indiana Jones- se le puede considerar como un auténtico artesano que mima todos los detalles y mueve la cámara con energía a la vez que clasicismo llegando a ganar un Oscar con una película en blanco y negro a finales del siglo XX con La lista de Schindler.
Pero no sólo a través de la dirección ha aportado su influencia al mundo del cine. Su nombre también aparece como productor de numerosas películas míticas de los años 80 y 90. Los Goonies, El secreto de la pirámide, Los Gremlins, la trilogía de Regreso al Futuro e, incluso, Poltergeist (de la que se rumorea que terminó dirigiendo, aunque aparezca acreditado como productor el artífice de La matanza de Texas, Tobe Hooper) llevan su sello. En 1994 creó el estudio de Dreamworks SKG (junto a sus socios David Geffen y Jeffrey Katzenberg) –que ha producido títulos como Gladiator, Camino a la Perdición o Shrek y Madagascar en su división animada-, pero que, tras una serie de fiascos económicos hace un par de años, ha sido absorbido por el estudio Paramount.
Quienes han trabajado con él dicen que es alguien muy cercano y afable. Una persona que mantiene la tranquilidad a pesar de que tenga la presión de contar con miles de personas bajo su control en los rodajes y que siempre tiene un consejo, una sonrisa o un chiste. De hecho ha aparecido más de una vez en películas de compañeros suyos haciendo un Cameo como en The Blues Brothers o, más recientemente, en Austin Powers: Miembro de Oro.
Sin duda una de las personas más importantes de la historia del cine, y no sólo por las películas que ha dirigido, sino por forma de entenderlo que tiene y cómo ha conseguido cambiar en muchos aspectos el cine americano de hoy día. Recientemente ha visto como su proyecto de adaptar al personaje de Tintin se ha visto frustrado debido al elevado presupuesto que requería y la crisis económica que afecta a EEUU en estos momentos. ¿Será el momento de que recupere su tan ansiado –y mucho más económico- biopic sobre la figura de Abraham Lincoln interpretado por Liam Neeson? El tiempo dirá, aunque mientras tanto podemos seguir revisionando su extensa filmografía hasta que este inquieto director y productor estrene su próximo proyecto.
PD: Lógicamente se podría haber ahondado mucho más en otros aspecto como su relación con otros directores de su generación como Coppola, Scorsesse o Lucas o haber repasado más su personalidad y manera de hacer cine. Pero eso habría requerido una extensión mucho mayor y un tiempo del que no dispongo ahora mismo. Pero prometo revisar a este gran director en futuras entradas y tratar otros aspectos.
Con cuatro secciones a concurso (Sección oficial, Eurimages, EFA y Panorama Andaluz) y un repaso a las filmografías de David Lean y José Luís Borau, amén de un recorrido por el mejor cine danés de los últimos tiempos y un ciclo de cine de terror, el pasado 7 de noviembre a las 9 de la noche comenzó oficialmente la quinta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla con una gala de inauguración en el teatro Lope de Vega en la que se proyectó el esperado film italiano Gomorra, de Mateo Garrone basado en la novela homónima de Roberto Saviano y que se alzó con el premio del jurado en el pasado festival de Cannes. Pero en realidad el festival había comenzado unas horas antes con el pase de prensa a media tarde de la mencionada Gomorra y la masiva afluencia de medios a la rueda de prensa posterior para poder ver al autor del libro original rodeado por unas inmensas medidas de seguridad (ya que se haya amenazado de muerte por la verdadera Camorra napolitana tras la publicación de Gomorra). La película agradó a la mayoría de la crítica especializada lo que provocó que la rueda de prensa fuese tremendamente interesante, girando alrededor de las dificultades de adaptar un libro de las características de Gomorra. Sin duda, con esta película se ha decidido arrancar de forma fuerte la sección oficial del festival, sin duda la más importante de todas.
El sábado la rumana Boggie de Radu Muntean dejó bastante fríos a todos aquellos que decidieran darle una oportunidad, pero la tediosidad de su ritmo y su trama con muy pocos personajes y mal dibujados hacían presagiar desde ese momento que no era una competidora a la altura de Gomorra u otras películas que aún estaban por llegar. El gran estreno de aquel día fue, sin duda, la francesaBienvenidos al Norte, de Dany Boon: una comedia agridulce acerca de un cartero que finge ser discapacitado para conseguir el traslado de trabajo a una apacible localidad en la costa mediterránea francesa.
El domingo se acumulaban los estrenos con tres candidatas a llevarse el giraldillo de oro: la rusa The Hollow, la irlandesa Delta y la islandesa/francesa Back Soon. El filme ruso impresiona gracias a su interesante punto de partida, un hombre intenta escapar de un “hueco” donde muere gente, pero se viene abajo en su segunda mitad haciendo perder a uno todo el interés. Delta, la flamante ganadora del premio de la crítica en Cannes, cuenta el regreso al hogar familiar de un joven, que se encuentra con el descubrimiento de una hermana a la que no conoce y con la que comienza a mantener una intensa relación. Sin embargo, las cintas que más impresionó aquel día fueron Back Soon y la italiana Il Divo dentro de la sección Eurimages. La primera contaba la historia de una madre que vive de la venta de marihuana para subsistir y la segunda es un irónico biopic sobre el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti. Con gran acogida de crítica y todas las entradas vendidas, sin duda fueron los grandes estrenos del fin de semana junto a Gomorra.
Tras los tres intensos primeros días de Festival, el lunes se presentó la germano finlandesa Black Ice dentro de la Sección Oficial del festival, dejando un ambiente tibio entre la crítica que se acercó al Lope de Vega para ver el film. La historia de una mujer que al descubrir la infidelidad de su marido, decide hacerse amiga de su amante mientras planea una venganza contra su cónyuge es una historia que resultaba demasiado familiar entre los cinéfilos como para que la película impactase. Sin duda el gran estreno de aquel día fue la impresionante cinta rusa Mongol, la historia de Gengis Khan antes de ser Khan del futuro imperio Mongol, contada con unos medios, una fotografía y un ritmo envidiable. Muchas superproducciones hollywoodienses deberían fijarse en este film para devolver la epicidad majestuosa y realista a las superproducciones de época tan cargadas de efectos especiales y acción rápida y enrevesada.
La holandesa Katia´s sister fue el plato fuerte del martes, presentando la historia de una chica cuya madre rusa y su hermana Katya trabajan en el conocido barrio rojo de Ámsterdam. Sin embargo el film más impactante fue La Batalla de Hadiza, una producción británica que recreaba de una manera ciertamente estereotipada, aunque muy dura, la incursión llevada por el ejército norteamericano en la ciudad iraquí de Hadiza, tras un ataque bomba en el que murió un militar, matando a más de 20 civiles a sangre fría. Perfecta recreación aunque los diálogos inciden bastante en los manidos tópicos de la guerra santa, el excesivo patriotismo americano y la inutilidad de las operaciones militares americanas en la zona.
El miércoles a primera hora, el director israelí David Wollach presentó My Father, my lord. Un film bastante aséptico, con escasez de medios y unas interpretaciones bastante parcas pero que sin embargo gustó a la crítica al contar con sencillez la historia de un niño que se rebela ante la excesiva religiosidad de su padre judío. Pero la francesa Espías en la Sombra consiguió cautivar al público al contar las hazañas bélicas verídicas de un grupo de cuatro mujeres que debieron infiltrarse en un hospital nazi para evitar que éstos le sacasen la información a un prisionero sobre el desembarco de Normandía.
El jueves se presentaron otras tres películas a la sección oficial del festival: la alemana En el séptimo cielo, la croata Three stories about sleeplessness y la polaca Katyn. Sin duda el film de Andrej Wajda (homenajeado durante esta edición del festival de Sevilla, recibiendo un premio especial por toda su carrera) que trata sobre la terrible matanza de oficiales del ejército polaco durante la segunda guerra mundial. Junto con Espías en la Oscuridad, es el segundo film sobre la II Guerra Mundial que compite en la Sección Oficial pero, a diferencia del film francés dirigido por Jean-Paul Salomé, que se centraba más en la aventura; Wajda opta por la austeridad y seriedad en lo narrado para incitar más a la reflexión que al espectáculo bélico.
El viernes fue el último día de estrenos antes de la gran noche de clausura del día siguiente. A destacar el estreno de Robert Zimmerman: is Tangled up in love del alemánLeander Haußmann y la británica Un gran día para ellas de Bharat Nalluri. Dos comedias románticas para la última jornada de estrenos de la sección oficial, aunque el estreno británico cuenta con la ventaja de contar con la excepcional actriz americana Frances McDormand y con Amy Adams, dos caras familiares que sin duda atraían mucho más publico que la simpática cinta alemana, aunque las dos son perfectos ejemplos de buen cine.
El sábado, en la sala de prensa de El Casino de la exposición de Sevilla se dio a conocer como flamante ganadora del giraldillo de oro a la gran sorpresa del festival, la irreverente comedia francoislandesa Back Soon, de Sólveig Anspach, mientras que el giraldillo de plata ha sido para la holandesa Katya´s Sister, de Mijke de Jong Por otro lado, la favorita para el principal galardón, Gomorra, obtuvo finalmente el Premio Especial del Jurado y, la también italiana, Il Divo se hizo con el premio Eurimages. Poco después, la gala de clausura despidió el festival hasta el año próximo.
Sin duda ha sido una semana intensa para el cine europeo aquí en Sevilla, aunque el nivel general de las películas a concurso ha sido más que aceptable, no ha llegado a alcanzar al de otras ediciones anteriores. Por otro lado, la excesiva cantidad de estrenos hacía imposible seguir todas las secciones a concurso. Aún así, esperemos que para el año que viene podamos disfrutar de otra semana de buen cine europeo aquí en Sevilla.
Sin duda, una de mis películas favoritas de todos los tiempos y que nunca me cansaré de ver. Con dos secuelas excepcionales y una cuarta parte entretenida sin más -el intentar hacerlo todo más grande y más espectacular jugó muy a la contra de "El reino de la calavera de cristal" aunque nos haya regalado alguna que otra escena memorable como la de la nevera antiradiactiva-. Aquí les dejo el que en mi opinión es uno de los mejores momentos de la saga junto con la persecución al camión en esta parte, la de la mina de la segunda y la del tanque de la tercera. Pasen y disfruten.
Al igual que hiciera Fernando Meirelles al retratar la violencia de las bandas en las favelas de Río de Janeiro o, incluso como hiciera su compatriota José Padilha el año pasado al retratar el otro punto de vista, el de los policías de esa misma ciudad –que a pesar de actuar presumiblemente del lado de la ley, su organización tiene más semejanzas que diferencias con las bandas y mafias- Matteo Garrone nos presenta una visión en el mismo estilo de la Camorra napolitana. Pues bien, Gomorra ha tenido el honor de inaugurar el V Festival de Cine Europeo de Sevilla con una gran acogida por parte de crítica y público.
Con un estilo duro y realista, totalmente alejado de la visión operística y glamurosa que films como El Padrino han dado a la “familia” mafiosa, Garrone despoja al espectador de la capacidad de admirar a una organización cruel y tremendamente manipuladora como la que es la mafia napolitana a la que retrata mediante cinco historias que tienen a la misma camorra como nexo de unión, abarcando así el mayor número de tentáculos posibles con los que ésta ejerce su poder y presión. Para ello se basa en el best-seller de Roberto Saviano –amenazado de muerte tras la publicación del mismo y que se presentó en el festival de cine de Sevilla rodeado de unas impresionantes medidas de seguridad- que ha vendido más de 2 millones de copias en Italia.
Hay que decir que la dirección del film no es soberbia pero sí muy acertada a la hora de dar ese toque realista y sucio a una historia contada mil veces y que el espectador más asiduo a este género no dejará de reconocer por mucho que le hayan quitado los “adornos” típicos de otras producciones de este tipo, además, a uno le viene continuamente, durante el visionado del filme, la sensación de que se ha quedado corto respecto a la novela –aunque no se haya leído, como es mi caso, pero las expectativas levantadas en ese sentido no han sido colmadas-, que hay mucho más que lo que nos están contando y podrían haberse arriesgado tocando temas mucho más escabrosos. Por otro lado, los actores cumplen en su mayoría con unas actuaciones muy naturales que se ven reforzadas por la inexperiencia de muchos de ellos que no se dedican profesionalmente a la profesión actoral, lo que ayuda a subrayar aún más el carácter de reportaje filmado más que de película que impregna al metraje de Gomorra junto con ese montaje cruzando las distintas historias que puede recordar al de otro filme similar como fue Traffic.
En fin, Gomorra es con todo una película totalmente recomendable para aquellos que quieran ver una faceta mucho más dura, seca y realista de la mafia.